¿Una trampa olímpica? Canadá afirma que unas cámaras «espías» suecas les tendieron una trampa en el «Boopgate».

Blasfemias, cámaras «espía» y acusaciones de trampa. El «Boopgate» ha convertido los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en un campo de batalla. ¿Ha muerto la integridad del curling?
Cheating Accusations Rock the 2026 Winter Olympics

El mundo del curling olímpico, normalmente tan tranquilo, se ha visto sacudido por un escándalo tan virulento que se ha ganado el apodo de «Boopgate». Lo que comenzó como un partido de alta tensión entre las potencias Canadá y Suecia en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 se ha convertido en una guerra de palabras a gran escala con acusaciones de trampa, vigilancia «premeditada» y un arrebato captado por un micrófono abierto que ha dejado al organismo rector de este deporte en una situación complicada. En el centro de la tormenta se encuentra el veterano canadiense Marc Kennedy, cuyo explosivo «vete a la mierda» dirigido al sueco Oskar Eriksson, retransmitido en directo a millones de personas, se ha convertido en la imagen definitoria de un torneo en el que el legendario «espíritu del curling» parece haber quedado congelado.

El dedo acusador

La controversia se centra en un tecnicismo conocido como «doble toque» o «empujón». Según el equipo sueco, los jugadores canadienses han estado tocando sutilmente el granito de la piedra después de soltar el mango, un movimiento que, según ellos, puede estabilizar un lanzamiento o alterar sutilmente su velocidad. El capitán sueco Niklas Edin llevó las acusaciones más allá, afirmando que Canadá ha utilizado esta táctica «sucia» durante años para obtener una ventaja injusta.

El drama alcanzó su punto álgido cuando la cadena sueca SVT publicó unas imágenes virales, supuestamente captadas por un operador de cámara que se desplazó específicamente a la línea de fondo para «atrapar» a los canadienses, en las que parece verse cómo el dedo de Kennedy roza la piedra. Kennedy no ha negado que pudiera haber habido contacto, pero ha negado rotundamente que fuera intencionado, calificando la táctica sueca de «plan premeditado» para manchar la integridad de su equipo. Mientras los aficionados y los analistas analizan las imágenes, la volatilidad de la situación se ha extendido a los mercados, y muchos recurren a los servicios de apuestas en línea para navegar por las rápidamente cambiantes cuotas del campeonato.

Caos en el Comité

Desde entonces, el escándalo se ha extendido a la división femenina, donde la capitana canadiense Rachel Homan también fue sancionada por una infracción similar contra Suiza. Homan, visiblemente conmocionada, insistió en que había «cero por ciento de posibilidades» de que hubiera tocado la piedra, mientras que sus compañeras de equipo cuestionaban por qué los árbitros de repente buscaban faltas invisibles que se habían ignorado durante décadas.

La Federación Mundial de Curling se ha visto envuelta en una polémica al emitir una advertencia verbal a Canadá por las palabrotas de Kennedy y, al mismo tiempo, negarse a utilizar repeticiones de vídeo para resolver las acusaciones de trampa. En una medida que muchos aficionados calificaron de «cobarde», la federación colocó brevemente árbitros en el hielo para supervisar cada lanzamiento, pero días después dio marcha atrás tras la reacción negativa de los jugadores, que consideraban que el nuevo escrutinio estaba «envenenando» el ambiente de los Juegos.

Un deporte bajo asedio

A medida que el torneo se acerca a las rondas por las medallas, la camaradería que suele caracterizar al curling ha sido sustituida por miradas frías y una ruptura total de la comunicación entre los equipos rivales. Para algunos, como el entrenador suizo Glenn Howard, la controversia es una señal de que el deporte se ha vuelto «demasiado profesional», donde la presión por ganar una medalla ha sustituido a la honestidad que solía imperar en el hielo. Para otros, el escándalo «Boopgate» es una revelación largamente esperada de una «zona gris» que los equipos de élite han explotado durante años.

Queda por ver si Marc Kennedy y Rachel Homan podrán recuperar la concentración, pero una cosa es segura: los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 han demostrado que ni siquiera el «juego rugiente» es inmune a las jugadas sucias. Con las probabilidades cambiando tan rápidamente como las condiciones del hielo, ahora es el momento de abrir una cuenta en el mejor software de apuestas para adelantarse a la próxima gran sorpresa en las rondas de medallas.

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